102.° aniversario del Día de los Mártires de la Aviación Militar

10 de agosto de 2020

Ceremonia en el Panteón Fuerza Aérea

En la mañana del 10 de agosto, en el Panteón Fuerza Aérea del Cementerio del Norte, se desarrolló la ceremonia de conmemoración del 102.° aniversario del Día de los Mártires de la Aviación Militar.

El acto contó con la presencia del Presidente de la República, Dr. Luis Lacalle Pou, de la Vicepresidente de la República, Esc. Beatriz Argimón, del Ministro de Defensa Nacional, Dr. Javier García, del Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Gral. de Ejército Marcelo Montaner, del Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Uruguaya, Gral. del Aire Luis H. de León, del Comandante en Jefe del Ejército, Gral. de Ejército Gerardo Fregosi, del Comandante en Jefe de la Armada Nacional, Almirante Jorge Wilson, así como también de autoridades nacionales, militares y público en general.

Durante la ceremonia, el Tte. Cnel. (Av.) Eduardo Sassón, mediante emotivas palabras, hizo referencia al Capitán Boiso Lanza, primer mártir de la aviación militar, y a todos aquellos que han dejado su vida en cumplimiento de la misión.

Palabras del Tte. Cnel. (Av.) Eduardo Sassón

Señor Presidente de la República Oriental del Uruguay Dr. Luis Alberto Lacalle Pou, Señor Ministro de Defensa Nacional, Dr. Javier García, y en su nombre, permítame saludar y dirigirme a las autoridades y distinguido público que hoy nos honran con su presencia:

Las alas de la aviación militar de nuestro país enlutecen, cada 10 de agosto, en sentido homenaje y conmemoración al trágico evento que, en cielos de la localidad de Pau (Francia), protagonizara en 1918 el Capitán Juan Manuel Boiso Lanza al precipitarse a tierra durante la aproximación final de su aterrizaje -en su aeronave Nieuport- en lo que resultaba ser su último vuelo que le permitiría alcanzar su diploma tan anhelado como guía de escuadrilla.

Se graba, de esta forma, esta tragedia aeronáutica en la negra historia de las alas de nuestra aviación militar, que significara que aquel intrépido piloto uruguayo perdiera su vida a sus jóvenes 30 años, en la plenitud de su carrera profesional y aeronáutica; interrumpida por la caprichosa muerte que le arrebatara su vocación y destaque evidente en la carrera aeronáutica de aquella época como referente de la aviación de nuestra Patria convirtiéndolo, así, en el primer Mártir de la Aviación Militar Uruguaya.

Este trágico evento, que golpeara la aeronáutica militar de aquellos años, trascendiendo fronteras a lo largo del mundo; aún permanece en el oscuro horizonte de cada uno de nuestros corazones motivando que, año a año, tan sólo en una breve pero sentida Ceremonia, recordemos a nuestros mártires de la Aviación Militar a más de 102 años de aquel trágico accidente aéreo.

Reza en los testimonios escritos del extinto Asesor Histórico de nuestra Fuerza -Tte. 1ero. Juan de Dios Maruri- en el Primer Tomo de la “Historia de la Fuerza Aérea Uruguaya (1913 a 1953)” que esta efeméride se instituye a iniciativa del entonces Jefe de la Base Aeronáutica N.º 1, Mayor Medardo Farías; a 20 años del desenlace fatal protagonizado por el Capitán Boiso Lanza al que hacía mención anteriormente… con el fin de evocar, año tras año, a los aviadores caídos en el cumplimiento de una misión de vuelo. Originalmente, cita el escrito de nuestro fallecido historiador, esta ceremonia se realizaba (desde su primera vez en 1938) a los pies del monumento “A la Aviación Vanguardia de la Patria” conocido además como la “Mujer Alada” del escultor nacional José Belloni; la cual se encontraba emplazada frente al Cuartel General de la actual Brigada Aérea III sita en la Base Aérea “Cap. Boiso Lanza” desde su inauguración el 31 de julio de 1927. Este monumento, cuya piedra fundamental fuera colocada un 15 de noviembre de 1925, fue inicialmente erguido como “símbolo de aliento y futuro”, pero tuvo además un carácter de homenaje a los caídos en el cumplimiento del deber. Los nombres de los oficiales y tropa de la Aeronáutica Militar y Naval, fallecidos en estas circunstancias, eran esculpidos en letras de oro en su pedestal de granito, los que fueron a lo postre borrados una vez que fuera trasladada, en 1970, a su actual ubicación en el acceso principal del Comando General de la Fuerza Aérea.

El paso del tiempo, les puedo asegurar, no es esquivo a nadie. Hace más de 26 años esta ceremonia me encontró como joven cadete que anidaba en su interior la vocación más pura como alumno de la Escuela Militar de Aeronáutica y estoy seguro que hoy así lo sentirán también los futuros aerotécnicos militares de la Escuela Técnica de Aeronáutica aquí presentes y los efectivos terrestres que; en estoica formación a nuestro lado, engalanan hoy esta ceremonia. Años después, participe de esta efeméride en silencioso respeto entre una multitud como la que hoy nos honra con su compañía…. y hoy, frente al honor que se me ha conferido de dirigirme al público presente con el deber de representar el sentir y dolor de toda una Institución; y cuando las primeras canas asoman involuntariamente… son la dura y fehaciente prueba que (a lo largo del paso de este tiempo) se han sumado, desafortunadamente, camaradas fallecidos en el cumplimiento del deber, que siguieron mucho antes de lo deseado al Capitán Boiso Lanza… nuestro guía de la “Escuadrilla del Silencio”. 

No nos resulta nada fácil entender su pronta u abrupta partida, se unieron al vuelo eterno sin distinciones de edad, de género, jerarquía o función a bordo; y entre dientes desearíamos compartir- tan solo una vez más: una cabina de vuelo, una charla distendida o rememorar -por un breve instante- aquellas legítimas sonrisas con las que abordaban cada una de sus misiones de vuelo.

Este paso del tiempo al que hacía mención nos demanda: 

continuar homenajeando la memoria de aquellos que partieron,

comprometernos y exigirnos a alcanzar… la “inalcanzable excelencia”,

y reconocer a los que hoy aún abrazamos esta hermosa profesión guiados por la más pura vocación que un día, de niños, nos hizo mirar al más azul de los cielos y a la cual hemos jurado entregar día a día nuestro valor más preciado… nuestras propias vidas por sobre todo posible interés profesional u económico y a los miembros de la “Escuadrilla del Silencio” les aseguramos que, éste, seguirá siendo nuestro Norte eterno a seguir.

Aquella aviación heroica y hasta “pintoresca”, si me permiten la sana expresión; que desafiaba las leyes de la aerodinámica más básica entre planos de tela sustentando frágiles aparatos de madera no hicieron más que forjar el espíritu, el carácter, la vocación, la abnegación y el más puro de los sentimientos de pertenencia de aquellos jóvenes pioneros aeronáuticos uruguayos pero que hoy… en nuestros días, comprometen a las generaciones contemporáneas a recibir el alba con idéntico ahínco y acuñar nuestra vocación como pilotos y mecánicos de vuelo cada vez más profesionales en una Fuerza Aérea Uruguaya cada vez más arraigada a la Misión y Visión encomendada por el Mando Superior.

Esa aviación de otrora fue positivamente abrumada por un siglo de avances y mejoras tecnológicas y que encuentra a nuestra actual Fuerza del aire volando inmerso en un universo aeronáutico más moderno, más rápido y por sobre todo manteniendo los más exigentes estándares de seguridad. 

Sin embargo, los números… las estadísticas… son imposibles de ocultar. El Factor Humano sigue siendo, indiscutiblemente, el eslabón más frágil en la cadena de eventos que desenlazan finalmente en un incidente u accidente aéreo. Son nuestros integrantes de las tripulaciones de vuelo los que, a la postre, resultan directamente perjudicados, los que pagan el precio más caro y preciado, cuando el sistema falla o simplemente el destino… el caprichoso destino… así lo dicta. 

Sin embargo, la tristeza de su partida y las lágrimas que emergen cuando las pompas fúnebres se silencian no hacen más que sellar con dolor en el pecho: las lecciones aprendidas y enseñanzas que todos ellos nos legaron. Son estos aprendizajes diarios los que nos perfeccionan como aviadores o técnicos aeronáuticos en una profesión honorable, que es por sobre todo. una profesión de riesgo. 

Riesgo que cuantificado, resulta un factor controlable cuando somos plenamente conscientes de nuestras propias limitaciones y las de nuestras flotas sin detrimento de nuestro norte indiscutido que fue, es y será siempre pregonar la seguridad de vuelo como única religión válida a la hora de llevar a cabo y cumplir con la misión encomendada. 

Al joven Capitán Boiso Lanza… a sus silenciosos laderos de formación de la “Escuadrilla del Silencio”, permítanos garantizarles que la actividad aérea ha aprendido de sus enseñanzas, ha mejorado sus teorías, sus técnicas, sus prácticas y ha mantenido incambiada su abnegación por volverse una Fuerza Aérea más segura y por ello les debemos el más sentido agradecimiento por vuestro sacrificio.

Hoy es un día que nos congrega para homenajear con pesar vuestra memoria que aún cala hondo en nuestros corazones… pero por sobre todo debe ser un día para celebrar que, una vez, supieron surcar físicamente los mismos cielos que hoy volamos los aquí presentes hasta que seamos nosotros los que emprendamos ese vuelo eterno hasta vuestro encuentro. 

Escuadrilla del silencio: autorizados a decolar, ascender bien alto, y mantener rumbo de vuelo directo... a la eternidad.

Muchas gracias.

Ceremonia en la Brigada Aérea II (Durazno)

En la mañana del 10 de agosto, en la Brigada Aérea II (Durazno) se desarrolló la ceremonia de conmemoración del 102.° aniversario del Día de los Mártires de la Aviación Militar.

Durante la ceremonia, el Cap. (Av.) Philippe Plevoets, mediante emotivas palabras, hizo referencia al Capitán Boiso Lanza, primer mártir de la aviación militar, y a todos aquellos que han dejado su vida en cumplimiento de la misión. Posteriormente, el Cap. (Av.) Alejandro Picos hizo alusión a la tragedia del día 30 de abril de 1970 del Cnel. (Av.) Julio R. Díaz Pujado.

Palabras del Cap. (Av.) Philippe Plevoets

El 10 de agosto de 1918, en los campos de aviación de Pau, Francia, cumpliendo una misión de instrucción y entrenamiento, y durante la aproximación final de aterrizaje, el joven Capitán Boiso Lanza perdía la vida al precipitarse a tierra su aeronave Neiuport, siendo este el trágico evento que nos congrega hoy aquí como cada año para recordar a nuestros mártires de la aviación militar.

102 años han pasado de aquellos tiempos de aeronaves de tela y madera, voladas por valientes y apasionados pilotos que desafiaban las leyes aerodinámicas; hoy volamos aeronaves robustas y sofisticadas, con avanzados sistemas de navegación que nos permiten volar en cualquier condición; siendo sin duda pilotos y tripulantes más equipados y preparados.

Sin embargo, a pesar de los avances que ha tenido la aviación, hasta la más moderna máquina falla, la más suave lluvia se convierte en tempestad, y el más preparado piloto se equivoca, y son algunas tripulaciones que ante estas eventualidades dan lo más preciado en pos del servicio, su vida.

Camaradas, padres, hijos, hermanos y amigos han partido al vuelo eterno pasando a formar parte de la escuadrilla del silencio, pero no ha sido en vano su partida, gracias a su sacrificio hoy volamos más alto, lejos y seguros.

Hoy ellos no se encuentran físicamente reunidos con nosotros pero permanecen vivos en nuestro recuerdo y emoción, no están a nuestro lado pero los sentimos cerca, no vuelan con nosotros pero nos acompañan; con ellos compartimos cabinas, servicios, trabajo, buenos y malos momentos y si bien no pensamos en la posibilidad de formar algún día en su escuadrilla, reflexionemos, y busquemos ser, más profesionales y mejores personas.

Camaradas y amigos de la Escuadrilla del Silencio, buen vuelo.

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